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Colección Los Conjurados - Títulos


La Fundación Común Presencia, entidad sin ánimo de lucro y dedicada desde 1989 a la difusión, apoyo y celebración de los valores universales de la cultura, adelanta diversos proyectos como la publicación de la revista literaria Común Presencia de periodicidad semestral, así como la colección internacional Los Conjurados (de la cual ya han aparecido 55 títulos distribuidos actualmente en cinco países), fiel a su propósito de irradiar las voces de grandes creadores que en diversos idiomas han hecho posible la exaltación de la esencia del hombre.

Fundación Común Presencia
Cra. 11 No. 61 – 35 (401)
Tels: 571- 2495782
Bogotá, Colombia 
e-mail: comunpresencia@yahoo.com

DIRECTORES
Gonzalo Márquez Cristo http://gonzalomarquezcristo.blogspot.com/
Amparo Osorio http://amparoiosorio.blogspot.com/


C U E N T O

1. Cuentos perversos: Antología: Apollinaire, Mishima, Sade, Petronio, Gide...

2. Trilogio: José Chalarca

3. Los matices de Eva: Maribel García Morales

4. Oficios de Noé: Guillermo Bustamante

5. El público en escena: Enrique Ferrer Corredor

6. Del amor inconcluso: Fabio Martínez

7. Habana roja: Sara Fernández Rey

8. Cuentistas Bogotanos: Antología - 14 autores

9. El dios ebrio: Hermínsul Jiménez Mahecha

10. Pisadas en la niebla: Antología de cuentistas boyacenses

11. Maniguaje: Cuentos desde el Caquetá

12. Primeras tentaciones: Heider Rojas

13. El sueño de Alicia: Alejandro Ovalles Bonilla

14. Textos cáusticos:  Hernando Urrutia Vásquez

15. Árbol del paraíso, Narradores colombianos contemporáneos: Selección y prólogo Iván Beltrán Castillo


P O E S Í A

1. Poesía vertical: Roberto Juarroz


3. La palabra liberada: Gonzalo Márquez

4. Revelación y caída: Georg Trakl

5. Antología esencial: Amparo Osorio

6. De la incesante partida: Mauricio Contreras Hernández

7. Poemas escogidos: Giuseppe Ungaretti

8. La otra vida: Rodolfo Alonso

9. Por decir así: Alfredo Chacón

10. Silencio de la huella: Germán Villamizar

11. Una temporada en el infierno, Iluminaciones, Carta del Vidente:  Arthur Rimbaud

12. Inconsistencia de la mirada: Enrique Rodríguez Pérez

13. Poemas perversos: Antología internacional

14. Ciega luz: Hernando Guerra

15. Inti Manic: Juan Sebastián Gaviria

16. Antología poética: António Ramos Rosa

17. Saldo a favor: Eduardo Cruz Vázquez

18. Vigilias: Javier González Luna

19. La coma de la luna: Antología poesía mexicana

20. Oscuro nacimiento: Gonzalo Márquez Cristo

21. Cementerio: Mario Eraso Belalcázar

22. Sólo queda gritar: Felipe Martínez Pinzón

23. Ensayo sobre las cosas simples: Mairym Cruz-Bernall

24. Ulises y su perro (Antología): Claude Michel Cluny

25. Las excusas del desterrado: Robert Max Steenkist

26. El derviche y otros poemas: Jorge cadavid

27. Cuadernario: Luis Alejandro Contreras

28. Allí donde brota la luz: Jorge Nájar

29. Las sombras del asedio: Argemiro Menco Mendoza

30. El amor, la muerte y otros vicios: Casimiro de Brito

31. Sombra embestida: Hernando Guerra

32. Estación del instante: Miguel Torres Pereira

33. Palabras sin escolta: Elsa Tió

34. He venido a ver las nubes: Gustavo Tatis Guerra

35. Eternidad visible: María Clara González

36. Emprender la noche: José Zuleta Ortiz

37. La tentación inconclusa: Hellman Pardo

38. Casa Tiempo II: Yuichi Mashimo

39. Navíos de Caronte: Carlos Fajardo Fajardo

40. Poetas Bogotanos: Antología - 24 autores

41. Bodegones: René Arrieta

42. Objetos que nos miran: Olga Malver

43. Cicatriz Souvenir: Juan Sebastián Gaviria

44. Los materiales humanos: Leonardo Padrón

45. Yuluka - Poetas de Valledupar: Ortiz, Pinto, Palencia, Oñate, Jiménez

46. Canto árbol: Luis Felipe González

47. Memoria de aprendiz: Yirama Castaño Güiza

48. En la posada de J. Babel: Luis Eduardo Gutiérrez

49. Sigo llamando a esta luz: Marysol Carrero Necker

50. El trasfondo de la sombra: Jairo Alberto López

51. Días: Carlos Vásquez

51. Los ojos deseados: Jorge Cadavid

53. Poesía Colombiana. Antología 1931 - 2011 Selección y prólogo: Fabio Jurado Valencia

54. Detrás de la bruma: Camila Charry Noriega

55. Uno lleva su cuerpo: Gustavo Quesada Vanegas

56. Extranjero: Adalber Salas Hernández

57. Los bosques secretos: Hernando Reinoso

58. Malabar en el abismo, Antología: Yirama Castaño Güiza


E N S A Y O

1. Pedro Páramo: murmullos... Fabio Jurado Valencia

2. No vi otro refugio: Mauricio Botero Montoya



T E S T I M O N I O

1.Discursos Premios Nobel 1: Perse, Saramago, Faulkner, Camus, Paz, Hemingway, Neruda, Walcott, Grass, Quasimodo, García Márquez

2.Discursos Premios Nobel 2: Milosz, Cela, Kawabata, Morrison, Elytis, Heaney, Mahfouz, Naipaul, Böll, Szymborska, Brodsky

3.Discursos Premios Nobel 3: Montale, Eliot, Gordimer, Russell, Mistral, Seferis, Kertész, Seifert, Soyinka, Golding, Steinbeck

4. Con-Fabulación 100: Entrevistas, columnas y caricaturas del periódico virtual

5. Grandes entrevistas de Común Presencia: Gonzalo Márquez Cristo y Amparo Osorio.  Conversaciones con: Cioran, Paz, Juarroz, Baudrillard, Elizondo, García Ponce, Rosa, Montejo, Goytisolo, Orozco, Borges, Durrell, Munier, Fuentes, De Brito, Vargas Llosa, Noël, Del Paso, Silva Estrada, Mutis, Volpi, Enzensberger, Sabato, Gamoneda y Saramago


N O V E L A

1. El esposado:  Álvaro Pineda Botero

2. Ritual de títeres:  Gonzalo Márquez Cristo

3. El tumbao de Beethoven:  Fabio Martínez

NARRADORES COLOMBIANOS CONTEMPORÁNEOS - Árbol del paraíso

Árbol del paraíso, Narradores colombianos contemporáneos
Selección y prólogo:  Iván Beltrán Castillo
ISBN 978-958-9233-17-7
Colección Los Conjurados
Obra pictórica: Ángel Loochkartt


Iván Beltrán Castillo (Bogotá, 1961). Poeta, periodista y guionista de cine. Se inició en el diario El Tiempo y como libretista en efímeros programas de televisión. Fue jefe de redacción de la revista Credencial, con la que recorrió el país para escribir crónicas y reportajes. Fue Premio Nacional de Poesía –Bogotá 450 años– en 1989, y Premio Nacional de Periodismo en 1995; además de tres nominaciones en el mismo certamen. Publicó el poemario Consagración del espejismo en 1990. Es autor del largometraje Sin Amparo, dirigido por el fallecido cineasta Jaime Osorio, y antes de que este muriera trabajaban en un nuevo filme titulado El Rey del melodrama. Obtuvo el Premio a Ópera Prima a mejor guión (2001) del Ministerio de Cultura y Pro-imágenes en movimiento. Es editor del periódico virtual Con-fabulación. Es autor de la Antología de la poesía colombiana 1958-2008, realizada para la editorial El perro y la Rana de Venezuela y de Cuentistas bogotanos (Colección Los Conjurados, 2008). 

Los 16 autores compilados son: Carlos Castillo Quintero, Andrés Mauricio Muñoz, Henry Arturo Linares, Claudia R. Niño, Luis Enrique Izquierdo, Daniel Ramírez, Diego Ávila Jacobo, Mario Reyes Becerra, Julio Medrano, Beatríz Eugenia Camacho, Jorge Chaparro, Susan Halliday, John Jairo Zuluaga Londoño, Maribel García Morales, Luis Antonio Rodríguez y Naudín Gracián.

HERNANDO URRUTIA VÁSQUEZ - Textos Cáusticos

Textos cáusticos 
ISBN 978-958-8418-36-0
Colección Los Conjurados, 2012
comunpresencia@yahoo.com
Obra pictórica: Augusto Rendón

Hernando Urrutia Vásquez, nació en Bogotá el 18 de octubre de 1946. Dirige el programa Vientos Estéreo que se emite gracias al proyecto de radio comunitaria “Emisoras para la Capital”.  Ha sido editor de periódicos locales en las alcaldías de San Cristóbal, Usme y Ciudad Bolívar. Actualmente participa en un proyecto de capacitación y emisión radial con líderes de la localidad Rafael Uribe Uribe.
Participó en el taller de poesía de la Casa Silva en 1989 y en el seminario de literatura rusa en la Universidad Externado de Colombia. Es autor de los libros Cosmotelurias y Textos cáusticos (Colección Los Conjurados).


TEXTOS CAÚSTICOS  (fragmento)

 1.
Un día pegué estos pedacitos en forma de rompecabezas y ellos se iban acomodando dócilmente, encajando sin repelerse. Al terminar pude ver que todo lo que se pusiera al frente se reflejaba. En ese momento supe que había fabricado un espejo.

2. 
Cuando el pistolero se paró enfrente y le disparó repetidas veces, el espejo no se rompió, porque sabía que ese hecho le traería mala suerte a los habitantes.

3. 
La leyenda cundió cuando el Conde Drácula parándose frente al espejo no vio su rostro.
Lo que nunca supo es que el espejo era ciego.

4. 
Prefirió el suicidio antes de permitir que Alicia saliera del país de las Maravillas a la realidad que todos los días reproducía. Por eso, el espejo, decidió quebrarse en mil pedazos.

5. 
El pueblo estaba tan fantasmal y desolado que los pobladores decidieron llenarlo de espejos, para reproducir a los habitantes y reponer los muertos.

Pero los espejos los traicionaron, pues sólo reflejaban a sus asesinos.


6.

Confiaba que sus crímenes quedarían en la impunidad, cuando llegó la comisión investigadora.
Pero de pronto empezaron a flotar los cadáveres en la superficie de aquel espejo, que vivía con el dolor de los recuerdos.

7.
Aquel gobernante era amante de los espejos especialmente de los que al pararse enfrente, le revelaban los defectos de sus enemigos.




ALEJANDRO OVALLES BONILLA - El sueño de Alicia

El sueño de Alicia 
ISBN 978-958-8418-34-6
Colección Los Conjurados, 2011
comunpresencia@yahoo.com
Obra pictórica: Nicolás De la Hoz

Alejandro Ovalles Bonilla (San José del Guaviare, Colombia, 1980) es Licenciado en Letras Modernas por la Universidad Tecnológica de Santiago (República Dominicana) y Magíster en Literatura Hispanoamericana del Instituto Caro y Cuervo (Bogotá). 
Es autor de los libros Abrapalabra (Educar, 2010) e Innovación lectora (Pearson, 2011). Actualmente es profesor de la Facultad de Comunicación y Lenguaje de la Pontificia Universidad Javeriana, y ha sido profesor de la Universidad EAN, de la Universidad de la Salle y de la Fundación Universitaria Monserrate, entre otras instituciones educativas. 
Varios de los cuentos que componen este volumen han sido premiados en concursos nacionales e internacionales de literatura; también publicados en diversas revistas culturales y antologías.

PLAN DE FUGA

Hacía seis meses que existía. Flotando siempre en su vida oscura, la forma en que avanzaban sus meses sólo él hubiera podido revelárnosla. Desde su llegada involuntaria hasta el regreso voluntario, su existencia fue toda negación, así que quizás hasta el tiempo mismo negó y nada fue para él.
La noche en que llegó dentro, afuera había risas, lamentos lascivos y cansancio feliz. Varias noches después de la llegada continuaron las risas, los lamentos y el cansancio, redoblados esta vez. Era como si todo fuera fiesta; sin embargo, pasado un mes y algunos días la euforia se fue apagando, las cosas cambiaron, ya no volvieron las risas ni los lamentos dulces que anunciaban el cansancio. La celebración, ahora extinta, de pronto se había trocado en llanto y desvelo.
Mientras, para él, los días no eran como los nuestros, no se sumaban para dar paso a otros más grandes, sino que eran uno solo muy largo y oscuro, sin tiempo. Él era el culpable de todo: del llanto y del desvelo, también ahora del desprecio. Él, que había venido sin saber quién lo había despertado de su sueño sin existencia, de su nada; él, a quien habían traído, era el desprecio mismo, ni siquiera la causa del desprecio. Y sin entender nada durante los primeros tres meses, seguía flotando y girando lento dentro de su vida ahora dos veces oscura.
Al cuarto mes empezó a entenderlo todo, o más bien a darse cuenta de que desde el primer día lo había entendido todo. Es que al principio ese todo no tenía nombre, y para él era como si no existiera, no fuera, y, lógico, por eso no entendía nada. La primera palabra en su conciencia, la palabra tirana que habría de regir y manipular a las demás, fue cobarde. Esa palabra, sin saberlo, venía llegándole de afuera como un mensaje opaco desde hacía varios días, hasta que pudo retenerla en la memoria y asirse con violencia a ella. Tanto la pensó que cuando los sentimientos que le llegaban desde afuera fueron tomando otro rumbo que no era el del desprecio, no los aceptó porque los sabía resultado de aquella primera palabra.
El amor, que fue el último de los sentimientos que con más insistencia le llegaban desde afuera, ese amor que por orden de la cobardía habían engendrado el llanto, el desvelo y el desprecio, también lo negó; y de él, del amor y de su negación constante, surgió la segunda idea, esta vez venida de él, de muy adentro: había que fugarse, esa era la forma suprema de negarlo todo. Entonces éste fue su verdadero nacimiento. Si el más reciente había sido a la vida, a la no elegida; el segundo sería el regreso, la muerte, el lugar aquel en donde nunca había sido y del que ahora, extrañamente, tenía conciencia de haber pertenecido.
Entretanto habían pasado otros meses, y en nuestro tiempo él ya contaba seis. Un mes más tendría que pasar antes de la fuga. Fue así porque primero debió encontrar el camino. Pudo haber envenenado con excrementos su oscuridad marina, haber esperado el momento mismo del otro nacimiento para aferrarse a las entrañas de la madre y morir desmembrado, pero cuán vulgar le resultaba todo eso; esa no era la forma de regresar, no era la forma de negar el nacimiento a la vida por la que nunca había optado; además, le parecían accidentes comunes aquellas formas, y su regreso podría ser muchas cosas, pero no un accidente.
Al tercer día del séptimo mes, cuando por el cordón umbilical bajaban los últimos intentos fallidos de una comunicación obstruida desde hacía mucho como parte de su plan de regreso, vio en aquel órgano la fuga perfecta, la forma ideal de volver a su estado único y primero; y si retrasó el retorno por varios días más fue para darle tiempo a la muerte de grabar a cincel sobre su cara la risa macabra que más tarde habría de ver su madre. Por él no la hubiera retrasado tanto, porque la muerte no era la muerte, era el hogar. Pero mientras había que flotar y girar despacio para enredarse lento el cordón alrededor del cuello.


HEIDER ROJAS - Primeras tentaciones

Primeras tentaciones
ISBN 978-958-8418-32-2
Colección Los Conjurados
comunpresencia@yahoo.com
Obra pictórica: Darío Ortiz

Heider Rojas nació en Algeciras, Huila, en 1963. Es abogado, con estudios inconclusos de filosofía y Magíster en Escrituras Creativas. Codirigió la revista Índice de Literatura, de la cual circularon 14 números entre 1994 y 2001. Dirigió los cine clubes Lalita Dos Ríos y Cine Club de Neiva.
     Ha publicado los libros de cuentos El testimonio de Norma Cleves (1994), La distribuidora de sueños y otras empresas (2001), Escopolamina (2009) y Primeras tentaciones (Común Presencia Editores, 2011); la novela corta Los Rizo (2005); y el libro de ensayos literarios y crítica de cine Simpatía con el asesino / Llegaba el contenedor de enlatados (2006).
     También escribe guiones para cine y, a destajo, ensayos satíricos.

***

LLAMEN AL PAYASO
En un rincón hay una mesa desocupada. Entro y me siento. Alguien ríe.
—Un café —digo.
Alguien ríe al frente, no sé quién.
Ahora ríen dos.
Dos cubos de azúcar y revuelvo. Aún no he alzado la cabeza. ¿Qué pasa? Ya ríen como diez.
Revolví diez veces, las conté. Me gusta contar lo que repito.
Ahora ríen todos; lo sé; lo siento.
Levanto la cabeza.
Al mirar, se acaban las sonrisas y todos quedan serios, ensimismados. Excepto uno. Está en la mesa contigua, al frente. Tiene el cráneo rapado y la nariz larga y encorvada. Al reír deja al descubierto una hermosa hilera de dientes, como una empalizada de marfil. Me mira fijo, a los ojos.
Continúa riendo escandalosamente.
Bajo la cabeza y levanto la taza de café.
Alguien entra, pasa a mi lado, y se sienta tras de mí.
—Un café —dicen a mi espalda.
Un murmullo se esparce en el salón. El tipo del frente continúa riendo.
Una señorita pasa con un café y lo entrega a mis espaldas.
Degusto un primer sorbo.
La señorita regresa y, al pasar junto a mí, inicia una tímida risa.
Mi segundo sorbo.
Ahora ríen dos más, ya son cuatro.
¿Qué les pasa?
No he tomado más café.
Una risa más.
Otra risa.
Otra. Ya son siete clientes riendo.
Me dan ganas de alzar de nuevo la cabeza y decirles: «¡A callar, pendejos!»
Pero, ¿tengo yo derecho a eximirles de una risa?
Decido tomar el café e irme; al fin y al cabo, buscaba quietud y compañía, no risas.
Ahora ríen diez.
Apuro un sorbo.
De inmediato ríen todos.
Levanto la cabeza, pero ya el tipo que entró hace un momento se ha parado, con ceño fruncido va hacia la entrada y, antes de salir, dice, con una voz espantosamente idéntica a la mía:
—¡A callar, pendejos!
Entonces, como si se aproximara una amenaza, todos van saliendo, rápido, con las risas desinfladas. Sólo queda el tipo del cráneo rapado, inmóvil en una seriedad que raya en el horror.
Lo miro un instante.
Luego acerco la taza de café a mis labios y degusto un largo y acariciante sorbo.
Después, me dan ganas de reír.


MANIGUAJE - Cuentos desde el Caquetá

Maniguaje - Cuentos desde el Caquetá
ISBN 978-958-8418-22-3
Colección Los Conjurados
comunpresencia@yahoo.com
Obra pictórica: Eduardo Esparza

Las prácticas de lectura y escritura de textos literarios que se ejercen en el ámbito público en el Departamento del Caquetá son incipientes, precarias y, en gran parte, permanecen ligadas a las instituciones escolares. Esta afirmación también podría aplicarse a cualquiera de las regiones periféricas del territorio de nuestro país. Por estas razones, la participación de autores caqueteños en el campo de la literatura colombiana representa un capítulo que aún está por escribirse, en particular, en relación con la creación narrativa de cuento y novela. 
Llegar a esta segunda antología de Maniguaje ha sido posible gracias a la ampliación de horizontes de lectura asumidos por los integrantes del taller, desde los autores clásicos del género hasta los escritores nacionales contemporáneos; a la reflexión cuidadosa sobre las exigencias del oficio de escribir; y a la puesta en juego de una intertextualidad activa donde se exploran las formas de leer desde la perspectiva del escritor que busca responder la pregunta: ¿cómo lograr determinados efectos en la sensibilidad y la mente del lector mediante el uso de las técnicas y los trucos de la narración? Además, esta meta no sería posible sin la persistencia de los autores para volver sobre sus borradores y darle vigencia al principio de que escribir, realmente, es re-escribir.
Si se insiste en las labores de lectura, crítica y re-escritura de los textos y se fortalecen las circunstancias institucionales en las que se trabaja en la actualidad, es posible pensar que en años cercanos puedan tenerse los primeros párrafos del capítulo de autores caqueteños que, en el campo de la literatura colombiana, aún está por escribirse, en particular, con relación al cuento. En este horizonte, el colectivo Maniguaje compromete su esfuerzo.

Dirección y compilación del libro:
Hermínsul Jiménez Mahecha. Pasto (1960). Licenciado en Filosofía y Letras (Universidad de Nariño, 1982), Magister en Etnoliteratura (convenio entre las Universidades de la Amazonia y de Nariño, 1996) y Doctor en Ciencias Pedagógicas del Instituto Central de Ciencias Pedagógicas de Cuba (2005). 
Profesor de las Universidades de Nariño (1982-1985) y de la Amazonia (desde 1986). Poemas, cuentos, ensayos y reseñas de su autoría han sido publicados en varias revistas universitarias y periódicos regionales del país. Dirige, desde 2006, Maniguaje, taller integrante de la Red Nacional de Talleres de Escritura Creativa del Ministerio de Cultura. Su libro El dios ebrio y otras ficciones fue publicado en 2009 por la Colección Los Conjurados.   


Los autores compilados son: Mario Alexander Ibáñez Suárez, Gustavo Rodríguez, Ronald Pérez Perea, Juan Camilo Perilla, Leonardo Sarmiento Mejía, Julio César Torres, Jorge Isaac Toledo Ramírez y Fernando Bedoya Londoño 

PISADAS EN LA NIEBLA - Antología de cuentistas boyacenses (Selección Carlos Castillo Quintero)


Pisadas en la niebla - Antología de cuentistas boyacenses
ISBN978–958–8418-14-8
Colección Los Conjurados
comunpresencia@yahoo.com
Obra pictórica: Armando Villegas
 
La presente antología reúne los cuentos: “La música del comienzo” de Javier Pérez, “Artefacto” de Claudia R. Niño, “Una vida que no es mía” de Aura Inés Barón, “Un pueblo tranquilo” de Julio César Hernández, “La casa” de Luis Antonio Rodríguez, “Holocausto” de Arledy Moreno, “Silencio en tres dimensiones” de Jorge Hernández, “Walpurgis” de Gloria Janeth Dávila, “El voyage” de Jakelinne Rico (Canela), “¿Y este loco de dónde salió?” de Cecilia Jiménez (Adeizagá), “El informe de práctica” de John Henry Ospina, “Máquinas” de Javier Fresneda, “El vampiro” de Fredy Acero, “Oxígeno” de María Paula Falla, “Sombrío” de Alejandra Espinosa, “Una luna para la muerte” de Magda Pinilla, “La morralla” de Nelson Congo, “Falacia” de Leonardo Corchuelo, “El clóset” de Jorge Iriarte, “2033” de Juan José Trillos.

La selleción fue realizada por:
 Carlos Castillo Quintero (Miraflores, Boyacá, 1966). Ha publicado los libros de cuento Los inmortales (2000) y Carroñera y otras ficciones perversas (2007); la antología El placer de la brevedad /Seis escritores de minificción y un dinosaurio sentado (2005); los poemarios Piel de recuerdo (1990), Burdelianas (1994), Rosa fragmentada (1995) y Sin el azul del día (Premio CEAB, 2008). Con Saga de los amantes (inédito) obtuvo el Premio Nacional de Poesía Universidad Metropolitana de Barranquilla y con Estación nocturna (inédito) el Premio Nacional de Poesía de Chiquinquirá. Incluido en la antología internacional de cuento La flor del día/ Trofeos de la lectura (Brasca/Chitarroni, Buenos Aires 2007), en la Segunda antología de cuento corto colombiano (Kremer/Bustamante, Bogotá 2007), y en Comitivas invisibles / Cuentos de fantasmas (Brasca, Buenos Aires 2008). Egresado del Taller de Escritores de la Universidad Central (TEUC). Actualmente dirige el Taller de Narrativa “R.H. Moreno Durán” y el Taller de Cuento Ciudad de Bogotá, ambos adscritos a la Red Nacional de Talleres de Escritura Creativa – RENATA.

HERMÍNSUL JIMÉNEZ MAHECHA - El dios ebrio

El dios ebrio
ISBN 978-958-8418-10-0
Colección Los Conjurados
comunpresencia@yahoo.com
Obra pictórica: Luis Cabrera

Nació en Pasto (1960). Licenciado en Filosofía y Letras (Universidad de Nariño, 1982), Magister en Etnoliteratura (convenio entre las Universidades de la Amazonia y de Nariño, 1996) y Doctor en Ciencias Pedagógicas del Instituto Central de Ciencias Pedagógicas de Cuba (2005). Profesor de las Universidades de Nariño (1982-1985) y de la Amazonia (desde 1986). Poemas, cuentos, ensayos y reseñas han sido publicados en varias revistas universitarias y periódicos regionales del país. Dirige, desde 2006, Maniguaje, taller de escritura integrante de la Red Nacional de Talleres de Escritura Creativa del Ministerio de Cultura. El dios ebrio y otras ficciones es su primer libro.


VARIACIÓN
Existen historias sobre historias e historias sobre olvidos.
Un ermitaño llamado Sosístrato, varios siglos después, en el borde de la llanura calcinada, recibió la visita de un peregrino de mirada extraviada que le habló del mar humeante, de las ciudades arrasadas por la lluvia de fuego y de sentir bajo la piedra a la mujer atormentada, gimiente y sudorosa bajo el azote del mediodía.

Una historia cuenta que Sosístrato recordó a la mujer a quien la cólera del que todo lo sabe la convirtió en la figura de sal que, por encima del hombro, miró al misterio. Sosístrato quiso redimirla bautizándola y, en retribución, ella sólo pudo decirle una palabra y el ermitaño murió sin conocer las artes de su visitante.

Otra historia hace que el misterio perviva. A lo largo de los años, distintos viajeros se han visto sorprendidos como sonámbulos que despiertan lamiendo, embelesados, la espantosa amalgama de carne y de peñasco; muchas veces, además de los hombres, también las bestias recorren con su lengua ávida las aristas de la carne salina. Muchos viajeros dicen haber escuchado, en los jirones de viento que sobrevuelan las dunas, los gemidos placenteros y los jadeos sagrados de la mujer que recuerda, bajo la costra arenosa en su carne salada, los temblores y fuerzas que nunca podrá sentir el que todo lo sabe.

CUENTISTAS BOGOTANOS - Antología



Cuentistas Bogotanos - Antología
ISBN 978-958-8418-032
Colección Los Conjurados

comunpresencia@yahoo.com
Obra pictórica: Fernando Maldonado

Este libro consagrado al género del cuento, y a los cultores de su artificio nacidos en la Ciudad de Bogotá, presenta 16 autores, por cuyas palabras circulan los sueños, el asombro y hasta el desengaño de varias generaciones. Autores de variadas tendencias y filiaciones, aportan su escritura para forjar en nosotros una sensación de placer, de extrañamiento, de levedad y consumación. Se trata de una selección exigente porque el campo de acción del género es deslumbrante pero con frecuencia inaprehensible, como lo señala Iván Beltrán Castillo prologuista y compilador de la antología.
Los autores compilados son: Miguel Torres, Luis Fayad, Francisco Sánchez Jiménez, Mauricio Botero Montoya, Lina María Pérez, Luis Darío Bernal Pinilla, Roberto Rubiano, Felipe Agudelo Tenorio, Guido Leonardo Tamayo, Colombia Truque Vélez, Julio Paredes, Evelio Rosero, Juan Carlos Botero, Hugo Chaparro Valderrama y Enrique Ferrer Corredor.

SARA FERNÁNDEZ REY - Habana roja

Habana roja 
ISBN 978-958-8418-032
Colección Los Conjurados
comunpresencia@yahoo.com
Obra pictórica: Eduardo Rocha (Chocolate)


(Galicia, Marín, España). Licenciada en medicina. Luchó varios años contra Franco y tuvo juicio en el Top (Tribunal de Orden Público), organismo que juzgaba los delitos políticos. Visitó por primera vez Cuba en el año 83, y desde entonces, cada año, ha pasado cuatro meses en la isla, alternando esas estadías con sus contratos en varios países de África y visitas a España. Estas siete historias de la Habana roja, fueron escritas en 2006, pero recogen las experiencias de la autora a partir de sus primeros viajes, y son un reflejo de la evolución vertiginosa de ese país durante las últimas décadas.



LA SOMBRILLA

Despertó en una cama de cuidados intensivos y miró alrededor. Desde la ventana, la flaca, pasaporte azul en mano, lo observaba. Los médicos le habían diagnosticado traumatismo craneoencefálico. Pronóstico reservado.
Llovía en la Habana. Cesaba, salía un rato el sol y volvía a diluviar. Los paraguas no servían de mucho; el viento los viraba y se destrozaban. La gente los llevaba plegados.
Él de Yurina, con el puño de madera, le servía de bastón. Días atrás se había doblado un tobillo al torcérsele el pie, calzado con las altas plataformas rojas. ¡Los últimos zapatos que le quedaban! El esguince resultó fuerte. Era la primera vez que volvía a caminar. Una venda mugrienta tapaba el derrame aún violáceo y una zapatilla cortada, más sucia todavía, albergaba el hinchado pie.
Después de parir al niño quedó gorda, barrigona y los hombres no le caían arriba como antes.
Desde que fue madre ya casi no salía, no bailaba, no tenía quien la invitara a las juergas, donde se cansaba de tomar tragos y esas cervezas a las que se había habituado. Pensó que con el hijo, el extranjero se la iba a llevar: ¡parecía tan enamorado! Pero no fue así, no quería responsabilidades y desapareció. Cuando vino a darse cuenta ya era tarde para sacarse la barriga. Quiso al niño desde que lo vio en el hospital. Pero le jodió la vida.
¡Ella, que tanto bonchaba, que tan fuerte vivía a pesar de las dificultades! En aquellos tiempos se sentía libre, sin ataduras. De fiesta en fiesta, conocía todos los cabarets de la Habana. La llamaban «la reina de las jinetes». Bailaba tan bien que hacía enloquecer a todos esos yumas horteras que la sacaban de rumba y de los que se reía después de emborracharlos con ron, vueltas, giros y sensualidad. Cuando llegaban a la cama, a pocos se le empinaba y, a los pocos, mal. Barrigones, calvos, con pinta de tenderos de barrio. Macarras de cadena y anillos de oro. Le daba igual: salía, tomaba, bailaba y respiraba, haciendo guiños a sus compañeros y compañeras de oficio.
Ahora era distinto: cada día que pasaba se amargaba más. Con la lactancia las tetas no volvieron a ser las mismas. La barriga no retornaba a su lugar. No tenía tiempo para dedicar a sí misma y, su frente y ceño, casi siempre fruncidos, comenzaban a marchitarse. Debía hacer algo, pensó, empezaba a detestarse, a maldecir su vida y a odiar todo lo que la rodeaba. Incluso a las que veía en la calle con su antiguo uniforme, montadas en brillantes plataformas y vestidas como para hacer gimnasia: Esas Barbys que volvían locos a turistas y cubanos.
Delante de Yurina caminaba una pareja típica, él, negro, alto, corpulento, con pinta de guapetón. De su mano una blanquita delgada, moderna sí, pero escuchimizada. Miraban el pasaporte azul. Se abrazaban y parecían felices, él reía a carcajadas. ¡Había pescado a una extranjera que se lo llevaba!, pensó Yurina, «¡¡¡Mierda!!!», gritó tan alto que se dieron la vuelta y la miraron.
Siguió obcecada, cadavérica, con ojeras por la falta de sueño «¿Cuando voy a poder dormir? ¡Coño! ¿Es que las madres no tenemos derechos?». Se miró en una vitrina y pensó que dentro de unos años estaría completamente ajada, decrépita. «¡A la mierda el socialismo, los macetas, el pueblo, los turistas! ¡Los dirigentes!: Esos, esos tienen la culpa hasta de las secas y los ciclones». No resistía más.
Una película pasó ante sus ojos: Un día, hace más de diez años, cuando más bonita lucía y le iba tan bien jineteando, vio a un negro guaperas, alto, fornido, de labios gruesos finamente dibujados. Perfectos e impolutos dientes blancos y una sonrisa franca, llamativa. Bien vestido, pitusa negro y elegante camisa de raso amarilla, hablaba en inglés con un amigo. Debía ser de Jamaica, un rico jamaiquino y ¡rico para comérselo! Les preguntó la hora. Mientras Irán, el amigo, miraba el reloj, Lewis, el negrón, le comentaba algo en inglés. «Son las cinco» dijo Irán. «¿Te parece bien si tomarnos unas cervezas, linda? Invita mi amigo, es de Bahamas. Viene de negocios y yo soy su traductor, sé que le gustan las cubanitas hermosas como tú». «Yes, boy ¡adelante! Él, tampoco está nada mal ¿Adónde vamos?» preguntó Yurina. Hablaron entre ellos y comenzaron a andar hacia Los Marinos en la avenida del Puerto. Por el Malecón, ya cerca de Prado, se encontraron con una amiga de ella, también era vistosa y la invitaron a sumarse al grupo. Con Irán traduciendo iban hablando banalidades, bajo un sol que todavía quemaba. «¿Chico por qué no cogemos un taxi?». «Al yuma le gusta pasear, disfruta de nuestro malecón y está habituado al sol». «Aguanta chica que ya falta poco» le dijo la amiga.
Llegaron, se sentaron a la sombra mirando la bahía y charlaron al ritmo de la música que todos coreaban. De vez en cuando, mientras ellos hablaban, ella lo hacía con la amiga: «A este negro me lo echo hoy, ¿viste lo bueno que está? Y se ve que tiene fula, mira el reloj de oro. Me lo tiemplo, me lo tiemplo bien templao, como no se lo han hecho nunca, y me lleva pa’ Bahamas». Después de unas cuantas cervezas y unos sándwiches, bailaron. Se pegaba a él, sinuosa, tierna. Le gustaba. Hoy no habría barrigones ni calvos medio impotentes. Sería su gran noche, lo enamoraría. Siguieron bailando con desenfreno, ella le bajeaba y él respondía con tremendo arrebato. La vacilaba a gusto.
«No te puede llevar al hotel, chica, eres cubana» dijo Irán. «Pero yo conozco un sitio cerquitica de aquí, limpiecito y correcto donde podemos quedarnos los cuatro» «Vamos a gozar» contestó Yurina.
Fue una fiera. Menuda noche, no la iba a olvidar en su vida. Ni ella tampoco. Se durmieron sudorosos, agotados y abrazados.
Por la mañana, besándola, la despertó: «Voy al hotel a por dinero, espérame aquí» le dijo por señas y en inglés. «Sí, mi macho» respondió ella y siguió durmiendo arrobada.
Meses después, lo vio sentado en una guagua y le sonó un galletazo: «¡¡Cabrón!! ¿Pensabas que no me ibas a ver más? ¡Desgraciado!, yo te mato». Él la miró y recordó. ¡Había pensado en ella tantas veces!, fue tan feliz aquella noche. Carne, carne cubana, magnifico culo, tetas bien colocadas y bonita, preciosa. «Chica mira que eres malagradecida ¿Acaso no pasamos una maravillosa noche? Quizás de las mejores entre tanta mierda que tenemos que tragar todos los días». «Me desgraciaste, me quedé esperándote». «Y yo con el deseo de volver ¡Pero quién ha visto! Jinetero y jinetera enamorados. ¿A dónde nuestros planes de enganchar a un yuma que nos saque? ¿De dónde los fula para la ropa que nos gusta y las juergas nocturnas? No chica, no, tú y yo somos iguales. Pero no sigas brava conmigo. Mira, aquel día habían caído en mis manos unos billeticos y me los quise gastar con gusto. Por eso te elegí a ti. Si te llego a decir quién era, que soy cubano, no vienes. Paseamos bajo el sol hasta derretirnos, porque no me llegaba la plata para el taxi. Bebimos, comimos, sólo un sándwich, no había para más, bailamos y templamos como locos en la posada. Al día siguiente, mi amigo reía y yo lloraba. Pero no podía hacer nada. Hoy, por ejemplo, no llevo un peso para invitarte ni a un trago».
Ella lo perdonó, bajaron juntos y se despidieron deseándose buena suerte y pensando que tal vez un día se encontrarían en algún país.
Seguían caminando, el chaparrón había cesado, delante estaba él con su pasaporte nuevo y flamante, la flaca lo besaba.
La rabia contenida pudo más que ella. De un paraguazo le abrió la cabeza.